Hoy en medio del cristianismo hay una gran variedad de predicadores cada uno con temas muy interesantes acerca de la vida, en su contexto económico, político y familiar, sin duda cada uno de estas temas deben exponerse sobre la plataforma de la revelación para darnos el panorama completo de como el Reino de Dios debe manifestarse en este mundo ya que si proclamamos que las naciones son para Cristo, tenemos que ser conscientes de que una nación debe traer solución en todos los aspectos políticos, sociales , económicos, a nivel de salud, alimentación e inversiones internacionales.
Pero a veces en este afán de dar respuestas insaciables al corazón humano que manifiesta tantas necesidades, encuentro el panorama gris y triste de pastores cansados, perturbados y frustrados, algunos hasta renunciando a su propio llamado por ser políticos porque ya no hallan en quien confiar para manejar el rumbo de la nación a la que pertenecen, otros porque han buscado formar personas adecuadas para cargos de poder pero el poder le pervierte el corazón. Aparte las estadísticas que publican que los pastores en un 70% mueren por problemas del corazón ya que viven estresados por el ritmo de vida que llevan y las cuentas que deben saldar. Todo esto me lleva a la siguiente reflexión ¿no será que en el intento desesperado de predicar el reino de Dios nos estamos quedando sin combustible para seguir exponiéndolo?
Yo tengo 26 años soy un pastor joven que sin duda que tengo mucho por aprender, pero eso no me anula el publicar mis ideas. Yo me acuerdo que lo que a mí me enamoro del ministerio fue la pasión por Jesús que se me desato a los 8 años cuando oraba en un servicio acompañado por mi papá para que se manifieste una profunda compasión por las almas, me acuerdo que mi papá me guió a orar por mis amigos del colegio y yo pude ver que sus corazones estaban vacios y sus vidas destinadas al infierno sin Jesús; a los 12 años experimenté el profundo amor del Espíritu Santo orando en mi cuarto, estando una hora acostado en el piso adorándole, eso me produjo un profundo hambre por su presencia.
Creo que muchos pastores nos desgastamos porque en el afán de predicar el reino abandonamos la intimidad con Jesús, el buscar a Jesús nos desata paz, nos amplia el corazón y nos lleva al reposo de nuestro corazón.
En la reunión de oración de madrugada nuestro apóstol Guido Raúl Ávila nos hablo sobre amar a Jesús y predicar de Jesús; como se dará cuenta me impactaron tanto sus palabras que lo puse como título de este articulo porque considero que allí está la clave. Lo que espero es que no me malentienda, no discuto prosperidad, yo predico prosperidad, no discuto una nación bajo la lupa del propósito divino, lo que discuto es perder su presencia porque el reino sin Cristo son solo palabras bonitas.